La edad de hOrror





















   
Lo que nos está pasando, e irá a peor si seguimos así,  es que no atendemos a las contradicciones en la organización de las relaciones económicas y sociales.  Entre lo que deseamos y lo que tenemos, los recursos que gastamos y las mentiras que nos decimos para mantener lo que nos arruina. Para mantener un deseado Estado de Bienestar hemos renunciado,  por vía de los gestores de los diferentes gobiernos en la democracia, a la autonomía como Estado.

La ciudadanía no quiere pagar impuestos pero quiere que el Estado responda económicamente a las necesidades sociales, y por eso nos hemos endeudado tanto. Tenemos el país vendido a las financieras. Ahora para pagar la deuda a las financieras se legaliza este despropósito de reforma laboral y las restricciones a la población en sanidad y educación.

Esto nos deja un país con el futuro de  una ciudadanía paupérrima que será ignorante, estará enferma en una gran mayoría y además será pobre, con lo que no se podrá consumir para satisfacer las ganancias de los mercados. Que los mercados destruyan lo que les sostiene es obviamente una estupidez. Entonces ¿cuál será su propósito a largo plazo, su alternativa?.

El capitalismo no solo desea ahora la propiedad material,  parece que también la inmaterial, el conocimiento, las experiencias de las personas. Es lo que se llama el capitalismo cognitivo. Ya se está llevando a cabo en los medios de comunicación. No se paga por los servicios sino que se requiere una aportación personal. Los realitys shows son una muestra desde hace años en el mundo del espectáculo. Los protagonistas no son profesionales, como tampoco son  profesionales la mayoría de los que tienen blog. Y en las redes sociales el éxito que les proporciona la actividad de los usuarios es clamoroso.

A cambio se ofrece un servicio al usuario, es un trueque, pero descompensado, que no está claro cómo evolucionará. Ya se levantan voces que avisan de la apropiación, y el posible expolio por parte de las empresas, de esas comunicaciones y experiencias de la vida privada que se comparten en los servicios gratuitos de la red. Yo me pregunto si el dinero nació como una solución a las desproporciones en el intercambio que el comercio  de trueque conlleva.
También el trabajo voluntario genera riqueza. Ayudar a otros está bien, la implicación sin ánimo de lucro de las personas en el desarrollo de las actividades sociales y económicas supone un nivel de madurez social deseable, pero ese capital humano voluntario no soluciona los problemas por sí solo.

Empezando, el Estado tendría que hacer responsable a cada uno de sus ciudadanos y empresas de la situación que se vive de manera colectiva (impuestos incluidos), pero también los beneficios que se generen deben ser revertidos en las personas, en todas, no solo en las personas jurídicas de actividad económica con beneficio (las empresas) -como pretende privilegiar el gobierno con esta reforma laboral-, sino en las personas jurídicas que sustentan  actividades de interés social y por supuesto en la personas físicas. El Estado es quien debe regular las relaciones entre toda esa clase de personas, y si desplaza ese poder a las empresas privadas, ya sean con ánimo de lucro, o no, como las empresas-fundación, o bien al criterio del voto populista, los intereses particulares desplazan a los de la mayoría.

Solo una sociedad organizada, comprometida de manera democrática desde la base puede superar esta situación. Eso significa que cada cual vote y se responsabilice de las decisiones que le competan en la vida social. Pero no desde arriba, desde las instancias del gobierno, sino desde abajo desde las decisiones de calle, de colegio, de barrio, de distrito, de ayuntamiento, de comunidad autónoma y subiendo. Las decisiones deben surgir desde el entorno del problema hacia a la organización general y las soluciones generales deben suponer un control para el equilibrio del conjunto. Se puede votar y decidir sobre las propias necesidades y lo que se conoce, no sobre lo que no se sabe.

Esto supone “ser Estado”.  Formar parte de una red de relaciones administrativas donde en unos asuntos  se está en la base de la estructura organizativa y en otros se está en la toma de decisiones expertas. 

En caso contrario lo que nos espera es la precariedad. El debilitamiento del Estado nos aboca a depender de la cobertura social  (lo que nos quiera pagar, lo que nos quiera curar, lo que nos quiera enseñar)  de  la empresa que nos contrate, en la que solo seremos subordinados de sus intereses y parte no reconocida de su capital cognitivo; les daremos nuestra capacidad vital a cambio de protección.  La empresa como castillo protector, y los empleados como los siervos de la gleba.
Es volver a la Edad de Oro medieval, tiempo idílico que duró un milenio: Edad de Oro para los aristócratas con poder absoluto y Edad de hOrror para sus siervos sometidos como esclavos.
No veo que la alternativa sea  “romper el sistema " político, sino apropiarse de él. El sistema de estado democrático nos hace fuertes y nos protege. La alternativa es “ser el sistema". 27/04/12
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